sábado, 28 de julio de 2012

Según OMS las cuatro formas de disminuir la incidencia de hepatitis vírica en personas que consumen drogas inyectables.





Se calcula que hay en el mundo unos 16 millones de consumidores de drogas inyectables y 10 millones de ellos están infectados con el virus de la hepatitis C
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descrito cuatro medidas fundamentales que los países pueden adoptar para prevenir las hepatitis B y C en los consumidores de drogas inyectables. Se calcula que hay en el mundo unos 16 millones de consumidores de drogas inyectables, y 10 millones de ellos están infectados con el virus de la hepatitis C; otros 1,2 millones lo están con el virus de la hepatitis B.
Muchos drogadictos no pueden conseguir jeringas estériles; en algunos países, por ejemplo, es ilegal distribuir o poseer jeringas para fines que no sean médicos. El riesgo de contraer la hepatitis vírica y la infección por el VIH aparece cuando las personas comparten jeringas y agujas. El material de inyección usado conserva restos de sangre; si esta contiene el VIH u otros virus como los de la hepatitis, otra persona que use la jeringa o aguja puede infectarse.
Muchos países han implantado programas para reducir la infección por el VIH en los consumidores de drogas inyectables. “La mayoría de las intervenciones para prevenir la transmisión del VIH en los consumidores de drogas inyectables son prácticamente las mismas que previenen las hepatitis víricas B y C”, explica el doctor Gottfried Hirnschall, Director del Departamento del VIH/sida de la OMS. “Por ende, es lógico reducir el riesgo de ambas infecciones si la prevención, la asistencia y el tratamiento de las hepatitis víricas se vincula con los de la infección por el VIH”.
La hepatitis es una inflamación del hígado. En conjunto, la hepatitis B y la C son la causa más común de cirrosis hepática y cáncer del hígado. La hepatitis vírica en una persona infectada por el VIH progresa con más rapidez a causa del debilitamiento del sistema inmunitario y causa más trastornos de origen hepático que en las personas que no padecen dicha infección.
La OMS recomienda:
  1. Poner en práctica y ampliar a gran escala programas para prevenir la infección por el VIH, como la distribución de agujas y jeringas limpias y el tratamiento sustitutivo de la farmacodependencia (se usa metadona o buprenorfina para tratar la dependencia de los opioides).
  2. Ofrecer a los consumidores de drogas inyectables el esquema rápido (tres semanas en vez de seis meses) de vacunación contra la hepatitis B, junto con incentivos para aumentar el número de personas que se vacunan y el de las que reciben el esquema completo. Más de 175 países han incorporado una vacuna barata, segura y eficaz contra la hepatitis B en los programas nacionales de vacunación infantil. La OMS ha recomendado a los países que practiquen la vacunación de puesta al día en las personas con un riesgo mayor de contraer la hepatitis infecciosa, en especial los consumidores de drogas inyectables, pero de momento esto no se hace de manera sistemática. No hay vacuna contra la hepatitis C.
  3. Utilizar jeringas con muy poco espacio muerto, que retienen menos sangre después de ser utilizadas, reduce la supervivencia del VIH y del virus de la hepatitis C en esta. En potencia, esto disminuye el riesgo de transmisión si el material de inyección se comparte.
  4. Involucrar a los drogadictos en los programas de prevención de la hepatitis a fin de lograr una repercusión mayor.
“Los países que han aplicado un método de salud pública al consumo de drogas inyectables y la infección por el VIH han obtenido los mejores resultados en la lucha contra la epidemia de esta última. Tenemos que hacer lo mismo con respecto a la hepatitis”, comenta la doctora Jacqueline Ying-Ru, del Departamento de VIH/sida de la OMS.
Las nuevas directrices de base científica están destinadas a funcionarios salubristas, directores de programas de control de la infección por el VIH, de la farmacodependencia o de limitación de daños, la sociedad civil y el personal sanitario en los países de ingresos bajos y medianos. Se han concebido de manera tal que puedan ser adaptadas y aplicadas con arreglo a las situaciones y necesidades locales.

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