miércoles, 3 de abril de 2013

Edwin salió de la farmacia desconcertado. El hombre, de piel canela y con algunas canas en la cabeza, llegó apresurado al establecimiento ayer en la mañana con una receta verde en la mano. Con letras azules poco legibles un médico había escrito Bronsal en el papel, se trata de una medicina que ayuda a disminuir el asma bronquial.
Este medicamento no se lo podemos vender solo con este papel, necesita traer una receta formal porque se trata de una medicina que está controlada, ha sido regulada por la nueva ley. Quizá el médico que se lo recetó no sabe. ¿Dónde se lo dieron?”, le dijo una delgada mujer que trabaja como dependiente de una farmacia ubicada a un costado del parque Hula Hula, en el centro de la capital.

“En la unidad de salud, me dijeron que lo comprara en la farmacia”, contestó el hombre con cara de haber entendido solo la última parte de la oración que le dijo la mujer.

Edwin pasó consulta ayer en la unidad médica de Montserrat, al poniente de la capital. Allí, le contó a un médico del sistema público que había pasado la noche sin poder respirar con tranquilidad. Al hombre vestido con una gabacha blanca se le ocurrió que lo mejor era que tomara Bronsal. Ese medicamento forma parte de un largo listado que la Ley de Medicamentos manda a controlar su venta por medio de una receta formal.

La dependiente ofreció como único camino a Edwin regresar sobre sus pasos y pedirle al médico un medicamento de venta libre o una receta diferente. Antes de salir, el hombre preguntó a la mujer de la farmacia: “¿Pero tienen en inyecciones?”

No solo Edwin es el desconcertado, Julia siente que su madre de 79 años no podrá comprar Nebilet, un medicamento que debe tomar diariamente para mantener trabajando su corazón adecuadamente. “Hace tres años que el cardiólogo le recetó esa medicina y me dicen que no hay. Ahora necesitamos volver a visitar al médico y buscar una alternativa, pero en ese tiempo se puede morir”, dijo la mujer.

Al igual que Julia, a Reina Espinoza, de 70 años, también le generó temor el tema de la regulación. Ayer llegó apurada a una farmacia de la colonia Escalón, al norte de San Salvador, a comprar una caja de Gabapentina, un medicamento que consume desde hace ocho años para controlar sus padecimientos del sistema nervioso. “Vengo, porque me dijeron que ya no lo van a traer y tengo que ver cómo lo voy a conseguir”, dijo.
elsalvador.com

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