La idea de legalizar la producción, trafico, distribución, narcomenudeo y consumo de drogas no es nueva y ha sido propuesta para debatirla en más de una ocasión por funcionarios interesados en buscar una solución, políticos, activistas de algunas instituciones pro derechos humanos, miembros de corrientes hipergarantistas y ciudadanos comunes y corrientes.
Se fundamenta en que el ser humano es el único que puede decidir sobre cómo llevar su vida y la obligación del Estado de respetar la decisión individual sobre lo que decida consumir, y en la creencia que al desaparecer "lo prohibido" dejarán de ser mercancía que produce enormes utilidades, lo que conduciría a la desaparición de las mafias y pandillas involucradas.
La despenalización parcial sujeta a estrictos controles estatales a través de los organismos correspondientes, funciona en algunos países del Primer Mundo, que nos llevan cien años de organización, con un alto nivel educativo y cultural y, sobre todo, con ciudadanos responsables de su conducta y de sus actos. Obviamente no funciona en países del Tercer Mundo, con un alto grado de ignorancia e irresponsabilidad ciudadana, en los que demasiada libertad les puede ocasionar más daños que beneficios.
No cabe duda de que en un país como el nuestro que está a milímetros de que grupos de médicos se tomen la Catedral para que les presten atención a sus reiteradas denuncias de carestías diversas, los reos convictos exijan consensuar las normativas que les incumben y que los tripulantes de un camión del Cuerpo de Bomberos se nieguen a apagar un incendio para protestar por el nombramiento del director del cuerpo, la despenalización vendría a aumentar el caos y desorden social.
La legalización total, parcial o regulada de las drogas en el país sería un desastre porque con las excepciones del caso, el promedio de ciudadanos es un verdadero artista para manipular y evadir el cumplimiento de las leyes, además de que la ambición desmedida por los bienes materiales y el dinero fácil, legal o ilegal, prevalece y está por encima de todo. De la noche a la mañana surgirían negocios dedicados a la exportación masiva de drogas hacia los países donde la droga es ilegal.
Enseguida se preocuparían por incrementar el consumo interno a base de publicidad, argumentando cualquier cosa, como por ejemplo inventar una poderosa corriente de modernización de la juventud a través de un nuevo estilo de vida "chic". Lo que indudablemente traería consigo el aumento de adictos a niveles sin precedentes. Si la actual oferta de servicios de salud con grandes dificultad se alcanza a satisfacer las demandas diarias de enfermos agudos, subagudos y crónicos ¿qué harían las instituciones del sector salud con una avalancha de medio millón de adictos nuevos y sus problemas derivados? En la actualidad la fácil adquisición de bebidas embriagantes ha producido un problema de enormes proporciones ante el cual el Estado sólo se encoge de hombros, la fácil adquisición de drogas definitivamente provocaría otro problema igual o peor.
Como el clima del país se presta al cultivo de la mariguana, coca y amapola y estos cultivos, por decir algo, son cien veces más rentables que los de maíz, frijoles y caña de azúcar, la reconversión de la agricultura salvadoreña sería inevitable, ni modo todo por el dinero ¿Y la salud de los salvadoreños qué?
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