Uso de Morfina en pacientes con edema agudo de pulmón.

Tras la revisión realizada, en base a que los efectos positivos no están suficientemente documentados y que no se puede descartar el riesgo de un aumento de la mortalidad (además de otros eventos adversos), en general, no se debería utilizar morfina en pacientes con edema agudo de pulmón cardiogénico. En el caso de considerarse indicado, debido a la disnea y al importante estado de ansiedad del paciente, debería hacerse con precaución y bajo atenta monitorización de la función respiratoria del paciente y de su estado mental.
La actualización de 2016 de la guía de práctica clínica (GPC) de la “European Society of Cardiology“ sobre la evaluación y el manejo de la IC crónica y aguda,  indica que los opiáceos pueden ser considerados de forma cautelosa para aliviar la disnea y la ansiedad en pacientes con disnea severa, pero pueden aparecer náuseas e hipopneas (clase de recomendación IIb; nivel de evidencia B)*. Agrega al respecto que los opiáceos alivian la disnea y la ansiedad y aunque no se recomienda el uso rutinario de opiáceos en la IC aguda se podría considerar su uso con precaución en pacientes con disnea grave, sobre todo con edema pulmonar. Los efectos secundarios dependientes de la dosis incluyen náuseas, hipotensión, bradicardia y depresión respiratoria (aumentando potencialmente la necesidad de ventilación invasiva). Se señala además que existen controversias sobre el riesgo potencialmente elevado de mortalidad en pacientes que reciben morfina.
Sin embargo, en la GPC sobre el manejo de la IC publicada en 2017 por la “Heart Failure Society of America”, la “American College of Cardiology Foundation” y la “American Heart Association” no menciona este tratamiento en el contexto de descompensación aguda de la IC(2).
Y en la GPC de NICE de 2014 se recomienda no ofrecer rutinariamente opiáceos a pacientes con IC aguda (los ensayos cuasi-aleatorizados y estudios observacionales disponibles no sugieren evidencia de beneficio, pero sí algunas evidencias de daño).
Los autores de la guía consideran que la clave para manejar la angustia del paciente radica en el diagnóstico rápido, el inicio del tratamiento y un ambiente seguro y reconfortante; pero que, aunque el uso rutinario de opiáceos (morfina) no es apropiado, el clínico puede optar por ofrecerlos sobre una base individual, después de una evaluación los beneficios y los potenciales riesgos.
En un sumario de evidencia de Uptodate de reciente actualización se hace referencia a un estudio de cohortes retrospectivo en el que se compararon los resultados clínicos de pacientes con IC aguda descompensada que recibieron tratamiento con morfina (n= 20.782; 14,1%) frente a pacientes con esta situación clínica que no la recibieron (n= 126.580; 85,9%). El análisis de los resultados mostró que la administración de morfina se asoció con mayor frecuencia de ventilación mecánica (15,4% vs 2,8%), de ingreso a una unidad de cuidados intensivos (UCI) (38,7% vs 14,4%), y con mayor  mortalidad en el hospital (13,0% vs 2,4%) (p <0,001 para todas las variables de resultado). Tras el ajuste del riesgo y la exclusión de pacientes ventilados, la morfina siguió siendo un predictor independiente de mortalidad (odds ratio 4,8, intervalo de confianza del 95% 4,52-5,18).
En base a estos resultados los autores aluden a la preocupación acerca de la seguridad de la terapia opiácea en esta población y sugieren que, en general, se evite la terapia con opiáceos en el proceso terapéutico de la IC aguda descompensada (dada la limitada evidencia de beneficio asociado a su uso y sus potenciales riesgos).
Por su parte, el sumario de evidencia de Best Practice, apoyándose en la recomendación de la GPC europea comentada(1), señala que la morfina puede ser de utilidad como tratamiento adyuvante en pacientes hemodinámicamente estables con IC aguda ya que reducen la ansiedad y alivian la angustia asociada con la disnea. Matiza que la morfina debería considerarse sólo en pacientes que están inquietos y angustiados y que se debe monitorizar con frecuencia el estado de alerta y la respiración del paciente ya que los opioides pueden deprimir la respiración, aumentando potencialmente la necesidad de ventilación mecánica. Como dosis a utilizar se propone: sulfato de morfina, 2,5 a 10 mg por vía intravenosa cada 2-6 horas cuando sea necesario.
En un estudio de cohortes realizado en pacientes atendidos en Departamentos de Urgencias de nuestro contexto sanitario y publicado en abril de 2017, se evaluó, en pacientes con IC aguda, el efecto del tratamiento con morfina intravenosa en la mortalidad por cualquier causa a los 30 días.
Se incluyeron en el estudio 6.516 pacientes (edad media: 81 años; 56% mujeres) de los cuales 416 (6,4%) recibieron morfina y 6100 (93,6%) no fueron tratados con morfina intravenosa. En total, 635 pacientes habían fallecido al día 30 : el 9,7% del total de pacientes; el 26,7% del grupo tratado con morfina y el 8,6% del grupo sin morfina. Los autores consideraban que estos datos sugieren que el uso de  morfina intravenosa en la IC aguda podría estar asociado con una mayor mortalidad a los 30 días.
Una revisión narrativa sobre el manejo del edema de pulmón se establece que:
  • La morfina ha sido parte del tratamiento tradicional para el edema pulmonar agudo, ya que puede reducir la disnea (se presume que debido a venodilatación); la morfina también reduce la actividad nerviosa simpática y puede reducir la ansiedad y la agitación asociadas con la disnea.
  • No obstante, los efectos adversos de la morfina incluyen la depresión del sistema respiratorio y del sistema nervioso central, la reducción del gasto cardíaco y la hipotensión, y el uso de morfina en pacientes con edema agudo de pulmón se ha asociado con eventos adversos tales como aumento significativo de las tasas de ventilación mecánica, de ingreso en UCI y de mortalidad.
  • En consecuencia, en ausencia de ensayos aleatorios de alta calidad, la mejor evidencia actual sugiere que la morfina puede causar daño,y, por lo tanto, ya no se recomienda para el uso rutinario en el edema pulmonar agudo.

Aproximadamente 46% de los pacientes ingresados en ellos recibe al menos un antibiótico al día.

La resistencia antimicrobiana (RAM) se ha convertido en un asunto de franca relevancia a nivel internacional al suponer una grave amenaza contra la salud pública. En este sentido existen estimaciones que indican que dentro de unos 30 años, en el año 2050, esta problemática sería la que más muertes podría provocar si no se detiene su progresión. Una patología que, junto al cáncer, se posicionaría dentro de las dos primeras causas de mortalidad a nivel mundial.

Así, el objetivo principal del curso Actualización en Resistencia a los Antimicrobianos organizado por el Grupo de Estudio de los Mecanismos de Acción y de la Resistencia a los Antimicrobianos (Gemara) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) se basa en explicar los últimos avances relacionados con la resistencia a los antibióticos. En él se aborda este contenido de forma multidisciplinar para poder generar conocimiento que sea aplicado para desarrollar nuevas fórmulas y herramientas que permitan avanzar y mejorar en la práctica clínica diaria. 

Dirigido principalmente a microbiólogos y licenciados en otras disciplinas que puedan estar interesados en la investigación de resistencia a antimicrobianos, el evento cuenta con los ponentes más destacados en nuestro país en sus respectivas áreas de trabajo. La coordinación del curso está a cargo del doctor Germán Bou Arévalo, jefe del Servicio de Microbiología del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña (Chuac), quien destaca "que las bacterias están evolucionando muy rápidamente para hacerse resistentes a los antimicrobianos. Los microbiólogos clínicos y la comunidad científica en general están trabajando con la máxima celeridad para hacer frente a este fenómeno, por lo que cursos de actualización como el que organizamos en esta edición son necesarios para compartir los avances científicos y aumentar nuestro conocimiento sobre la resistencia a los antibióticos".

Junto al doctor Bou, el comité científico está integrado por la doctora Margarita Poza Domínguez, del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña e Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (Chuac-Inbic A Coruña); la microbióloga del citado centro, Astrid Pérez Gómez, y el presidente saliente de la SeimcRafael Cantón Moreno

LA RESISTENCIA ANTIMICROBIANA EN ESPAÑA

En el caso de nuestro país, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad aprobó en 2014 el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos con la intención de frenar el avance de estos mecanismos de resistencia a través de varias líneas estratégicas. 

Según señala el doctor Rafael Cantón, "el conocimiento de la población en España sobre los antibióticos es muy inferior a la media europea". Según datos del Eurobarómetro, sólo el 37% de españoles sabe que los antibióticos no sirven para matar a los virus. El objetivo es anticiparse a la infección para no tener que llegar a tratarla con antibióticos. “Estamos en una era casi postantibiótica en la que muchos antibióticos ya no funcionan y las bacterias continúan haciéndose resistentes a los nuevos antimicrobianos a una velocidad extraordinaria”, añade la doctora gallega Astrid Pérez

Según un estudio del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), España es el quinto país de la Unión Europea donde más antibióticos se consume a nivel hospitalario. Con una referencia de un día cualquiera en un hospital español, en torno al 46% de los pacientes ingresados en ellos recibe al menos un antibiótico al día. 

En comparación con otros países, se puede destacar a Estados Unidos o el Reino Unido como ejemplo de países en los se han establecido programas de actuación dotados realmente de fondos estructurales y económicos
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