La insulina es una hormona que se produce en el páncreas y que tiene la
misión de facilitar que la glucosa que circula en la sangre penetre en las
células y sea aprovechada como energía.
Existe un síndrome que está relacionado
con la reducción de la actividad de esta hormona. Es el síndrome de resistencia
a la insulina, también conocido como "Síndrome Metabólico", que en
términos fisiológicos se refiere a una inadecuada captación de la glucosa
dependiente de insulina por parte de los tejidos, en especial del hígado,
músculos y tejido adiposo.
"Es un estado que se caracteriza por la disminución de la acción de la
insulina, lo que implica una respuesta biológica anormal a las acciones de la
hormona en el metabolismo de los hidratos de carbono, las proteínas y los
lípidos", expresa la nutrióloga Marisela Gavidia de Roque.
Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cuatro personas, es
decir el 25% de la población mundial, presenta este problema de salud.
Existen varios factores que están asociados con este síndrome, entre ellos
exceso de grasa alrededor de la cintura, la presión arterial elevada, nivel
alto de triglicéridos y de azúcar en la sangre y nivel bajo de colesterol bueno
o HDL (por sus siglas en inglés).
"El síndrome metabólico no hace alusión a una enfermedad específica,
sino que identifica un conjunto de factores dañinos para el aparato
cardiovascular, aunado a situaciones clínicas que le confieren a las personas
con estas alteraciones un riesgo elevado de desarrollar graves
enfermedades", dice la especialista.
La doctora de Roque recalca que si una persona presenta resistencia a la
insulina, su organismo no podrá usarla de forma adecuada, y su nivel de azúcar
en la sangre comenzará a aumentar. Con el tiempo, esto puede provocar diabetes
tipo 2, que es una enfermedad metabólica que se caracteriza por altos niveles
de glucosa en la sangre; enfermedades cardiovasculares, coágulos sanguíneos y
derrames cerebrales.
Generalmente se considera que la aparición del Síndrome Metabólico está
determinada por la interacción de factores genéticos, ambientales y nerviosos
centrales (disfunción de los centros hipotalámicos de hambre y saciedad).
"El síndrome se presenta con problemas de salud causados por la
combinación de factores hereditarios y factores asociados al estilo de vida,
especialmente la sobrealimentación, la ausencia de actividad física y el
sedentarismo", expresa la nutrióloga.
Otras de las manifestaciones más frecuentes en las personas que presentan
esta condición son: cansancio, depresión, ronquidos, verruguitas en el cuello y
las axilas, acné, tensión alta, hígado graso, dolor de cabeza, ataques de irritabilidad,
insomnio y ansiedad descontrolada por comer.
La resistencia a la Insulina no se indaga en el laboratorio; el diagnóstico
es clínico, es decir que se detecta a través de otros desórdenes. Es así como
el paciente generalmente llega a la consulta por otras dolencias como obesidad,
síndrome de ovario poliquístico (reglas irregulares), hígado graso, acantosis
nígricans (franja de color oscuro en la zona de la nuca y otros pliegues),
hirsutismo (crecimiento excesivo de vellos en las mujeres) y abundancia de
lunares en relieve, generalmente en el cuello. A partir de algunas de esas
señales es que el médico suele sospechar del síndrome y comienza a buscar una
serie de factores.
Según la doctora Ana Rivas de Portillo, especialista en medicina interna y
nutrición, esos factores pueden ser: perímetro de cintura mayor a 88
centímetros en la mujer, o mayor a 102 centímetros en los hombres; colesterol
HDL menor o igual a 40 en mujeres y menor o igual a 50 en hombres;
triglicéridos mayor de 150 mg/dl (miligramos por decilitros), Glicemia (nivel
de azúcar en la sangre) en ayunas arriba de 100 mg/dl y presión arterial mayor
o igual de 130/85 mmHg (milímetros de mercurio). Si existen tres de estos
factores, el diagnóstico de Resistencia a la insulina es concluyente.
Predisposiciones abundantes
Un factor de riesgo es todo aquello que puede aumentar la probabilidad que
tiene una persona de desarrollar un problema de salud. Los factores de riesgo
más estrechamente asociados con el Síndrome Metabólico incluyen la edad (la
incidencia aumenta con la edad), el origen étnico (hispanos y asiáticos parecen
ser más propensos al desarrollo de síndrome), antecedentes familiares o
personales de diabetes, tabaquismo, antecedentes de alcoholismo, estrés, dietas
altas en grasas y estilo de vida sedentario.
Para controlar la Resistencia a la Insulina se aconsejan dietas y
ejercicios, luego se busca controlar los niveles de azúcar en la sangre
mediante fármacos, entre ellos las metfamina. Este fármaco disminuye el nivel
de azúcar gracias a que interviene en la producción hepática de la glucosa y
también disminuye la absorción intestinal de la misma.
La doctora de Portillo
explica que hay diversas formas de prevenir este síndrome; mantener una dieta
balanceada, en la cual se deben evitar el consumo de grasas saturadas, el
colesterol, el Sodio y azúcares, evitar el sedentarismo, eludir el tabaquismo y
tener un manejo médico integral con medicamentos especializados para cada
fenómeno patológico a tratar. "Llevar un estilo de vida saludable,
realizar actividad física y ante todo una adecuada nutrición son medidas que
ayudan a prevenir el Síndrome Metabólico", concluyó de Portillo.
