La
forma en que las personas consumen entretenimiento ha cambiado de forma radical
en los últimos años, gracias a los avances tecnológicos que brindan la
posibilidad de vivir nuevas experiencias de la realidad.
El caso
de los televisores con capacidad de mostrar imágenes en tercera dimensión (3D)
es un ejemplo de lo anterior. Sin embargo, no hay que obviar que una exposición
prolongada a estos equipos conlleva diversas problemáticas de salud visual a
corto y largo plazo.
Un
punto de partida para explicar este desgaste tiene que ver con la estereopsis,
un proceso visual por el cual, a partir de dos imágenes diferentes proyectadas
en la retina de cada ojo, se construye otra tridimensional, algo fundamental en
la percepción de profundidad de la vista.
Según
el oftalmólogo Rigoberto Cartagena, el efecto 3D es posible por la
sobreexposición de imágenes cercanas y lejanas para crear una ilusión óptica de
volumen, lo cual suma a la capacidad de visión estereoscópica que se
perfecciona durante la niñez.
Sin
embargo, las tres dimensiones en una pantalla implican un proceso donde se
obliga a los ojos a mirar de una manera no natural para percibir la proyección,
ya sea a través de un televisor o con gafas.
"El
problema del 3D es que los ojos tienen que enfocar y desenfocar más rápido y
eso causa un agotamiento visual y muscular de la zona ocular", explicó
Cartagena.
En este
sentido, el especialista recuerda que la distancia entre un ojo y otro - 6.5
centímetros - es lo que permite modificar el ángulo de visión en diferentes
circunstancias y que, bajo la sensación 3D, se requiere un esfuerzo adicional
del cerebro.
"Si
un espectador sufre alguna anomalía en su visión, deberá hacer un sobreesfuerzo
pudiendo provocar dolor de cabeza, mareos y otras molestias leves", añadió
Cartagena, quien además recordó que estos desequilibrios son manejables siempre
que no exista una exposición por períodos de más de una hora.
Hay que
subrayar que los problemas leves con el 3D le afectan a un 80% de personas,
mientras que el resto podría experimentar, según Cartagena, derrames cerebrales
o ataques epilépticos cuando se exponen a imágenes intermitentes o luces de
múltiples colores.
"Esto
aún no está comprobado científicamente, pero en otros países el abuso de esta
tecnología tiene sus antecedentes que los fabricantes de televisores ya están
tomando en cuenta", puntualizó.
Mayor cuidado con los niños
Los
profesionales que estudian las patologías del globo ocular consideran que a
edades tempranas hay mayores susceptibilidades a problemas de salud asociados
con la visualización 3D.
Una de
las razones es que entre los siete y ocho años el ser humano supera el
estrabismo. Pero si no se estimula de forma positiva el desarrollo de las
habilidades, se genera una falta de coordinación entre los músculos oculares y
la fijación de la mirada de los dos ojos en el mismo punto.
"La
percepción de profundidad es determinante para que no se presenten otras
enfermedades y está ligada a estos dos factores. Por ende, hay que controlar
más a los niños, ya sea si ven televisión convencional o en 3D", sugirió
Cartagena.
Así, la
mayor recomendación tiene que ver con el tiempo de consumo de estas tecnologías
porque se mantiene fija la vista de un modo diferente al natural por un tiempo
prolongado.
Por
último, emplear gotas lubricantes podría compensar, desde la perspectiva
clínica, este desgaste. Y si se visita una proyección de cine 3D, hacerlo
previo a un buen descanso de la vista para evitar una sobrecarga ocular y otros
daños.
