En la
actualidad este equilibrio se ha perdido, la vida moderna y la ambición
económica han propiciado el abuso de las tierras de cultivo, el uso de
pesticidas, conservadores, fertilizantes y sustancias químicas que prolongan el
tiempo de vida de los alimentos que consumimos y acortan el
nuestro.
Se calcula
que la Industria Química de Estados Unidos utiliza más de 60 mil productos
tóxicos que van a dar al medio ambiente.
Estamos
acabando con la capa de ozono que rodea la atmósfera y los rayos ultravioleta
entran con más fuerza provocando el cáncer en algunos órganos.
El humo del
cigarro y la contaminación causada por los coches han alterado el aire
que respiramos. Nuestros cuerpos han sido diseñados para respirar oxígeno, cuya
fórmula química es el O2, pero ahora, por la contaminación
ambiental, estamos respirando ozono cuya fórmula es el O3.
A las
moléculas les gusta estar en pareja, de modo que los dos oxígenos se atraen
entre sí formando una molécula estable O2. Ahora que respiramos ozono
(O3) tenemos un mal tercio, donde a la O que sobra se le conoce como radical
libre; este soltero va en busca de una pareja a las células de nuestro
cuerpo.
Las células
de nuestro cuerpo están protegidas por una membrana celular que tiene
electrones en pareja. Cuando llega el radical libre, se roba a un miembro
de la pareja, el que queda soltero busca otra pareja y se forma una reacción en
cadena que oxida la membrana celular propiciando envejecimiento prematuro
y un sin número de enfermedades como arterioesclerosis, Alzheimer,
mal de Parkinson, esquizofrenia, pérdida de la memoria, cataratas, artritis,
enfisema pulmonar y sobre todo, el cáncer.
Podemos
comprender el proceso de oxidación si recordamos una manzana; al cortarla en
pedacitos y dejarla en contacto con el aire se oxida y se marchita. Lo
mismo ocurre con nuestro organismo, con el paso del tiempo se va oxidando, pero
este proceso puede acelerarse cuando estamos expuestos al ataque de los
radicales libres.
Cuando
fumamos, consumimos alimentos ahumados, abusamos de la exposición a los rayos
del sol o vivimos en ciudades contaminadas, el proceso de oxidación se acelera.
Para evitar
el ataque de los radicales libres se recomienda el consumo de antioxidantes, sustancias
que donan una pareja al radical libre para que no ataquen a las membranas
celulares. Si a una manzana le añadimos jugo de limón permanece más tiempo sin
oscurecerse y marchitarse, lo mismo sucede con nosotros.
El jugo de
limón y la naranja contienen cantidades importantes de vitamina C que
actúa como un potente antioxidante protegiendo las membranas celulares
del ataque de los radicales libres.
Los mejores
antioxidantes son la vitamina C, el betacaroteno y la vitamina E.
La vitamina
C se puede encontrar en los cítricos como la naranja, toronja, piña, guayaba,
chile y col. El marinar la carne en jugo de limón o naranja, disminuye la
producción de agentes cancerígenos. Aparentemente dejar marinando la
carne o el pollo por una hora antes de asarlo, puede disminuir los niveles de
nitrosaminas, agentes causantes de cáncer de colon y seno.
El
betacaroteno se encuentra en la zanahoria, betabel, chabacano, jitomate,
pimiento rojo y amarillo y los vegetales verde oscuro como acelgas, berros ,
brócoli y espinacas.
Los
Investigadores de Nueva Zelanda han evaluado su consumo en los pobladores
nativos de Maori, atribuyendo al consumo de mango la baja incidencia de cáncer
entre los pobladores de esta zona. Esta propiedad anticancerígena se atribuye a
la acción protectora de los carotenoides y flavonoides del mango.
El Químico
Stephen Talcott, de la Universidad de Florida, atribuye esta propiedad
antioxidante y anticancerígena al rico contenido de ácido gálico del mango.
La vitamina
E se encuentra en los aceites vegetales, como el aceite de maíz, cártamo,
girasol, oliva, etc. así como en las semillas: nueces, almendras, cacahuates,
semillas de girasol, también en el germen de trigo y el aguacate.
Una dieta
rica en antioxidantes nos brindará elementos importantes para evitar muchas
enfermedades y conservar nuestra juventud.
