Polución del aire en UE aún implica graves riesgos para la salud

La calidad del aire en la Unión Europea (UE) sigue por debajo de los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que aumenta el riesgo de muertes prematuras y daño ambiental, señaló el miércoles un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA).
Los contaminantes en el aire, incluida la materia particulada y el ozono, generan 500.000 muertes prematuras por año en la UE y países vecinos, además de la pérdida de biodiversidad.
Si bien los niveles generales de contaminantes ambientales se redujeron, el reporte de la EEA halló que en algunos casos están altamente concentrados.
Más del 95 por ciento de la población urbana de la UE está expuesta a cantidades de ozono a nivel del suelo que exceden lo aconsejable según los lineamientos de la OMS, y entre el 80 y el 90 por ciento del mismo grupo de personas está expuesto en exceso a materia particulada, ambas cuestiones relacionadas con los problemas cardiovasculares y la enfermedad pulmonar.
"La calidad del aire en Europa está mejorando en general, pero las concentraciones de algunos contaminantes aún están poniendo en riesgo la salud de las personas", indicó en un comunicado la directora ejecutiva de la EEA, Jacqueline McGlade.
En el 2020, estimaciones de la UE indican que los contaminantes del aire costarán unos 537.000 millones de euros (unos 741.000 millones de dólares) en términos de salud humana, además de los daños al ecosistema y la agricultura.
Varios estados miembro han fracasado a la hora de cumplir con la legislación regional sobre calidad del aire y están enfrentando acciones legales por parte de la Comisión Europea. Si son hallados culpables de infringir la ley de la UE, los estados deberán enfrentar penas financieras.
"No somos amantes de emitir penalizaciones", dijo un experto en calidad del aire de la Comisión Europea durante una presentación del informe de la EEA ante el Parlamento Europeo. "Preferiríamos que el dinero se use para hacer cambios en el terreno", añadió.
La UE planea revisar la legislación sobre calidad del aire en el 2013, y la evidencia ya sugiere que se necesitan estándares más estrictos.
No obstante, dada la resistencia de los estados miembros sobre reforzar la legislación actual, algunos cuestionan si medidas más rígidas serían asequibles.

Vacunas cáncer cuello de útero reducirían necesidad de controles

El uso de la vacuna Cervarix de GlaxoSmithKline para proteger a las niñas del VPH, un virus que puede causar cáncer cervical, es tan efectivo que las autoridades sanitarias podrían reducir la necesidad de control posterior del cuello del útero, dijeron el miércoles expertos.
Investigadores de Finlandia y Estados Unidos que publicaron dos estudios en la revista The Lancet Oncology hallaron que Cervarix "ofrece excelente protección" contra dos cepas clave del virus del papiloma humano (VPH), particularmente cuando se administra en las adolescentes antes de que se vuelvan sexualmente activas.
Las investigaciones también revelaron que la vacuna protege parcialmente contra otros tipos de VPH cancerígenos y a los que no está diseñada para apuntar puntualmente, dando protección contra un grupo de cepas que en total representan cerca del 85 por ciento de los cánceres cervicales en todo el mundo.
"Dado que los programas de vacunación organizados logran una alta cobertura en las adolescentes jóvenes antes del debut sexual, la vacunación contra el VPH tiene el potencial de reducir sustancialmente la incidencia del cáncer cervical, probablemente permitiendo la modificación de los programas de control", dijo Matti Lehtinen, de la Universidad de Tampere en Finlandia, quien trabajó en los estudios.
El investigador dijo que como resultado de los hallazgos, los expertos en salud de Finlandia, uno de los países que introdujo campañas nacionales de vacunación en el 2007, deberían evaluar disminuir los programas de control del cuello del útero a apenas un único test, entre los 25 y los 30 años, para controlar que la vacuna haya sido totalmente efectiva.
"Uno no debería tener dos medidas que se solapen si una ya es lo suficientemente efectiva", señaló Lehtinen. "Esto podría significar realmente mucho ahorro en términos de costos de los controles", agregó.
La vacuna de GSK contra dos cepas apunta a los tipos de VPH 16 y 18, que son responsables de alrededor del 70 por ciento de los cánceres cervicales o de cuello de útero.
El laboratorio rival Merck también fabrica una vacuna contra el VPH, llamada Gardasil, que además de proteger de los tipos 16 y 18 apunta a otras dos cepas del virus.
El cáncer cervical o del cuello uterino es el segundo más común en las mujeres de todo el mundo, con alrededor de 500.000 nuevos casos y 250.000 muertes anuales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Prácticamente todos los casos están relacionados con infecciones genitales con VPH, la infección viral más común del sistema reproductivo.
PROGRAMAS NACIONALES DE VACUNACION
Varias naciones desarrolladas introdujeron en los últimos años programas nacionales de vacunación contra el VPH para las niñas y las mujeres jóvenes.
En Estados Unidos, por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés) actualmente recomiendan que las niñas y mujeres de 11 a 26 años reciban Cervarix o Gardasil.
Lehtinen dijo que estas vacunaciones podrían finalmente reducir la necesidad de controles cervicales generalizados, los cuales suelen realizarse cada unos pocos años -o incluso anualmente- en las mujeres a partir de los 25 años.
Los dos estudios publicados en The Lancet Oncology observaron la eficacia de Cervarix.
El primero, que incluyó a casi 20.000 mujeres saludables de entre 15 y 25 años de 14 países de Asia, Europa, América latina y Norteamérica, reveló que la vacuna brindaba altas tasas de protección contra precánceres cervicales de alto grado, el desarrollo temprano de una condición denominada adenocarcinoma, y contra otros 12 tipos de VPH causantes de cáncer.
En la segunda investigación, la vacuna mostró mayor protección cruzada contra otros tipos de VPH generadores de cáncer -31, 33, 45 y 51- en diferentes grupos de mujeres.

Expertos debaten sobre la seguridad de Tylenol para los niños asmáticos

Hace mucho que el acetaminofén se ha considerado uno de los medicamentos recetados más seguros, si se toma en la dosis adecuada. Su uso en niños está aprobado, y muchos obstetras incluso autorizan su uso en el embarazo.
Pero un pediatra de Ohio cree que es hora de controlar el uso de acetaminofén, más popularmente conocido como Tylenol, sobre todo entre los asmáticos.
"El tema fundamental es que hay un problema epidemiológico asociado con el acetaminofén y el asma", explicó el Dr. John McBride, vicepresidente del departamento de pediatría y director del Centro Respiratorio Robert T. Stone del Hospital Pediátrico Akron.
"¿Se debe a que el acetaminofén contribuye al asma, o simplemente a que la gente con asma tiende a tomar acetaminofén?", planteó.
McBride dijo que hasta que un estudio a gran escala responda a esa pregunta de forma definitiva, "creo que le debemos a nuestros pacientes y a sus padres aclarar que quizás el acetaminofén sea malo. Y si hay alternativas, quizás las personas deseen usarlas hasta que sepan que el acetaminofén es seguro".
McBride revisó la evidencia disponible que relaciona el analgésico/antipirético con el asma para un artículo que aparece en la edición de diciembre de la revistaPediatrics.
Una de las fuentes fue el Estudio internacional de alergia y asma en la niñez, que incluyó a más de medio millón de niños de 122 centros en 54 países. Unos 200,000 niños tenían de 6 a 7 años, y 320,000 tenían entre 13 y 14.
Casi uno de cada tres niños mayores reportaron tomar acetaminofén al menos una vez al mes.
Entre los niños que tomaban acetaminofén más de una vez al año pero menos de una vez al mes, el investigador halló que el riesgo de asma actual era 61 por ciento más elevado entre los que tenían de 6 a 7 años. Entre estos niños pequeños que tomaban acetaminofén más de una vez al mes, el riesgo de sufrir de asma se triplicó y más.
A los niños mayores les fue ligeramente mejor, con un aumento de 43 por ciento en el riesgo entre los que tomaban el fármaco más de una vez al año pero menos de una vez al mes. Entre los que tomaban acetaminofén más de una vez al mes, el riesgo de tener asma aumentó 2.5 veces, según el informe.
McBride calculó que si se eliminaba la exposición al acetaminofén en ese grupo de adolescentes, la tasa de síntomas graves del asma declinaría en 43 por ciento.
También revisó un metaanálisis de seis estudios en que participó un total de casi 90,000 adultos. El uso semanal de acetaminofén se relacionó con un riesgo 1.74 veces mayor de asma en los adultos, halló McBride.
Además, el investigador observó dos estudios prospectivos sobre el acetaminofén y el asma realizado a principios de los 90. Esos estudios, que siguieron a un grupo de individuos durante un periodo de tiempo, también hallaron una relación firme entre el asma y el acetaminofén.
McBride dijo que la evidencia de que el acetaminofén exacerbe el asma actual es más potente, pero que también hay evidencia de que el acetaminofén podría provocar asma.
La forma en que esto ocurre sigue siendo tema de debate, pero algunos investigadores creen que el acetaminofén aumenta la inflamación de las vías respiratorias en las personas asmáticas o con una predisposición al trastorno respiratorio, apuntó.
El Dr. Len Horovitz, internista y especialista pulmonar del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, apuntó que "esta información sugiere que debemos tener cuidado con el acetaminofén en los niños asmáticos o con antecedentes familiares de la afección. La alternativa es el ibuprofeno, que muchos padres parecen preferir de cualquier forma".
"Sí creo que se necesita más investigación", añadió Horovitz.
Advirtió que un pequeño grupo de personas con asma son sensibles a la aspirina, y dijo que algunas otras que tienen pólipos nasales no deben tomar ibuprofeno (Advil, Motrin).
No todo el mundo está convencido de que la asociación observada por el nuevo estudio lleve a causa y efecto.
"El asma es una enfermedad tan compleja, y personas de todo el mundo intentan averiguar qué la causa", señaló la Dra. Jennifer Appleyard, jefa de alergia e inmunología del Hospital y Centro Médico St. John en Detroit. Apuntó que el asma probablemente tiene muchas causas, no solo una.
"No estoy muy convencida de decir a mis pacientes que no pueden tomar acetaminofén. En cualquiera que tenga fiebre, es bueno minimizar la cantidad de fármacos y solo administrarlos cuando sean necesarios". Pero, señaló, una fiebre sin tratar también puede ser peligrosa, y los padres quieren que sus hijos se sientan cómodos cuando están enfermos.
Pero hasta que haya buena evidencia de que el acetaminofén es seguro, McBride aconseja a sus pacientes evitarlo.
Si su propia esposa estuviera embarazada, aseguró que también le sugeriría que evitara el acetaminofén. "No es que crea que haya muchas probabilidades de un problema en el embarazo, pero ante la ausencia de evidencia, ¿por qué tomarlo?", comentó McBride.

Millones de recetas de antibióticos pediátricos son innecesarias

Un nuevo estudio realizado en Estados Unidos sugiere que los pediatras entregarían más de 10 millones de recetas de antibióticos por año para enfermedades como la gripe y el asma, que no responden a esos fármacos porque no están causadas por bacterias.
Este mal uso de los antibióticos aumenta la resistencia de los microbios a los medicamentos, lo que hace que no den resultado cuando se los necesita.
"Los antibióticos son maravillosos. Hay veces que realmente son necesarios y lo importante es saber cuándo", dijo Betsy Foxman, epidemióloga de la Escuela de Salud Pública de la University of Michigan, en Ann Arbor, quien no participó del estudio.
La investigación incluyó una muestra representativa de la población de Estados Unidos de 65.000 consultas ambulatorias de menores de 18 años entre el 2006 y el 2008. Con códigos clínicos, los autores pudieron determinar el diagnóstico de cada paciente y el fármaco indicado.
En total, los médicos habían recetado un antibiótico cada cinco consultas. La mayoría, a niños con problemas respiratorios, como infecciones sinusales y neumonía.
Algunas de esas infecciones son bacterianas, pero casi un cuarto de todas las recetas de antibióticos las recibieron pacientes con enfermedades respiratorias que probablemente o definitivamente no necesitaban un antibiótico, como bronquitis, gripe, asma y alergia.
Eso se traduce en más de 10 millones de recetas de antibióticos anuales que causarían más daños que beneficios, según escribe en la revista Pediatrics el equipo del doctor Adam Hersh, de la University of Utah, en Salt Lake City.
La mitad de todos los antibióticos recetados eran "de amplio espectro", es decir, contra una gran cantidad de bacterias.
"Matan más bacterias buenas del organismo y lo vuelven vulnerable a las bacterias resistentes a los antibióticos", señaló Hersh. "En muchos de esos casos, el uso de antibióticos no está indicado", agregó.
Foxman recordó que la eliminación de las bacterias intestinales no dañinas está asociada con la aparición de asma y, más recientemente, obesidad.
"Pensamos en los antibióticos como una panacea, pero en realidad van contra todo en el organismo. Al hacer desaparecer los microbios con los que debemos convivir, podríamos estar causando otras enfermedades que desconocemos", dijo Foxman.
Hersh señaló varios motivos por los que los médicos recetan antibióticos cuando no deberían.
"Uno es porque el diagnóstico no suele ser muy claro, como ocurre con las infecciones de oído. Se toma la decisión de recetar un antibiótico a pesar de la incertidumbre diagnóstica, sólo para estar más seguros", manifestó.
En esos casos, indicó, lo mejor es "esperar y ver"; volver a ver al niño en un par de días para evitar una indicación innecesaria.
"Si el médico sugiere un antibiótico, por ejemplo, para una infección del oído, hay que preguntarle cuán seguro es el diagnóstico. Si es incierto, hay que preguntarle si no sería más seguro esperar uno o dos días bajo control, en lugar de empezar a utilizar un antibiótico inmediatamente", aconsejó el autor.

Estudio japonés asocia el insomnio con el riesgo de depresión


Las personas a las que les cuesta dormir corren el doble de riesgo de desarrollar depresión que quienes que pasan una buena noche de descanso, según revela un estudio efectuado en Japón.
Tras entrevistar a miles de adultos de una ciudad rural de Japón durante dos años, un equipo de la Universidad Médica de Tokio halló que los participantes con insomnio al inicio del estudio eran hasta 2,5 veces más propensos a tener o empezar a tener depresión al final del estudio.
"Es una investigación interesante porque vuelve a confirmar que existe una relación entre las alteraciones del sueño y la depresión", dijo el doctor Srinivasan Pillay, profesor asistente de psiquiatría de la Escuela de Medicina de Harvard, quien no participó del estudio.
"Pero lo que no nos dice es si las alteraciones del sueño causan la depresión o algo más. Sólo nos dice que hay una relación entre ambas", indicó Pillay a Reuters Health.
El equipo del doctor Yuichi Inoue, del Departamento de Somnología de la Universidad Médica de Tokio, se propuso determinar si esa asociación se aplicaba a la población de Japón y si ciertos tipos de insomnio estaban especialmente relacionados con el riesgo de desarrollar depresión.
Un quinto de la población japonesa sufre insomnio y se sospecha que los trastornos del sueño son un factor de riesgo de otros problemas psiquiátricos, como la ansiedad, la depresión y el abuso de sustancias. Pero existen pocos estudios japoneses al respecto.
Desde el 2005, el equipo de Inoue les hizo dos encuestas a unos 3.000 adultos de la ciudad de Daisen, de la Prefectura de Tottori. Un sondeo fue para medir los síntomas del insomnio y el otro, para detectar la depresión.
La primera encuesta les permitió a los autores analizar las alteraciones del sueño por categorías, incluida la calidad del sueño, la cantidad de tiempo que los participantes demoraban en quedarse dormidos, la duración del sueño, la "eficiencia" del sueño y la disfunción diurna.
En el 2007, algo más de la mitad del grupo original de participantes aceptó volver a realizar ambas encuestas y el equipo observó que la calidad del sueño era más importante que la cantidad en la predicción del riesgo de desarrollar depresión y de su gravedad.
La mala calidad del sueño y la disfunción diurna aumentaron respectivamente un 60 y un 80 por ciento el riesgo de desarrollar depresión. La alteración del sueño elevó ese riesgo un 30 por ciento, mientras que la dificultad para dormir o el uso de fármacos para dormir lo aumentaron un 20 por ciento.
El equipo halló además que un nuevo caso de depresión elevaba siete veces el riesgo de desarrollar insomnio, mientras que la depresión instalada lo triplicaba.
Inoue no pudo responder preguntas, pero su equipo concluye en Journal of Clinical Psychiatry que el insomnio debería considerarse una señal de alarma del aumento del riesgo de desarrollar depresión, por lo que debería evaluarse "con cuidado" para prevenirla.
La doctora Carole Lieberman, psiquiatra del Instituto Neuropsiquiátrico de la University of California en Los Angeles, identificó fallas en el estudio.
"No prueba que el insomnio cause depresión, sino que suele estar asociado con la depresión. Eso ya lo sabemos", dijo a Reuters Health.
"Uno de los síntomas clásicos de depresión es dormir demasiado o muy poco. De hecho, se considera que despertarse muy temprano es un síntoma característico de la depresión. El estudio lo menciona, pero no lo puso a prueba", agregó.
Una lección de este estudio es la importancia de tratar el insomnio apenas aparece, según aseguró Daniel Taylor, experto en trastornos del sueño y profesor asociado de la University of North Texas.

Pasar demasiado tiempo sentado aumenta las probabilidades de cáncer, según un estudio

Las horas sedentarias en el lugar de trabajo son igual de malas que un estilo de vida inactivo en casa.

Las horas que los estadounidenses pasan sentados podrían estar aumentando el riesgo de cáncer, igual que el tiempo que pasan haciendo ejercicio puede reducir el riesgo, según una investigación reciente.
"Ahora podemos decir que hay evidencia convincente de que ser físicamente activo reduce el riesgo de contraer cáncer de colon y de mama", aseguró Christine Friedenreich, investigadora epidemióloga principal de Atención del Cáncer de los Servicios de Salud de Alberta en Calgary, Canadá.
"No es suficiente simplemente cumplir con las directrices de actividad física, como hacer 150 minutos de ejercicio a la semana", añadió. "Si uno pasa el resto del tiempo sentado, por ejemplo delante de una computadora, quizás haya un problema".
El ejercicio regular puede reducir el riesgo de cáncer de colon en hasta 35 por ciento, señaló Friedenreich. "Se trata de una respuesta a la dosis, o sea que más actividad física reduce más el riesgo", comentó Friedenreich. Lo mismo ocurre con el cáncer de mama, en que el ejercicio puede reducir el riesgo en hasta 25 por ciento.
Una experta aseguró que los nuevos hallazgos respaldan una conexión entre los estilos de vida sedentarios y el cáncer.
La Dra. Freya Schnabel, directora de cirugía del seno del Centro Médico Langone de la NYU en la ciudad de Nueva York, apuntó que "comienza a haber evidencia de que la forma en que la obesidad aumenta el riesgo de cáncer es a través de un aumento de la inflamación en el organismo. Al hacer ejercicio, los marcadores de inflamación se reducen, lo que podría reducir el riesgo de cáncer". Pero enfatizó que se necesita más investigación para clarificar estas relaciones.
Friedenreich se mostró de acuerdo. Aunque hay una conexión bien establecida entre la falta de ejercicio y un mayor riesgo de enfermedad cardiaca, la asociación entre un estilo de vida sedentario y el cáncer es un hallazgo relativamente nuevo que amerita mayor investigación, dijo.
Friedenreich, que ha estudiado la relación entre el ejercicio y el cáncer durante años, presentó los hallazgos el jueves en la conferencia anual del Instituto Americano para la Investigación del Cáncer (American Institute for Cancer Research, AICR) en Washington, D.C.
En su trabajo más reciente, Friedenreich y colegas hallaron una asociación entre el ejercicio y una reducción en los marcadores de inflamación, como la proteína reactiva C, lo que podría explicar la forma en que el ejercicio reduce el riesgo de cáncer de mama.
Hasta el momento, no hay evidencia concluyente de que los aumentos en esos marcadores de inflamación realmente causen cáncer o incrementen el riesgo de desarrollar la enfermedad, anotó Friedenreich. Comentó que probablemente se trate de un proceso mucho más complejo.
"Son muchos mecanismos distintos que tienen un impacto", aseguró. "Creemos que probablemente hay vías a través de la grasa corporal, las hormonas y la resistencia a la insulina. La inflamación es una forma en que el cáncer se ve afectado. No diría que es la principal, solo una de las vías".
El estudio también aparece en la edición de octubre de la revista Cancer Prevention Research.
La falta de ejercicio no es lo único que aumenta estos marcadores de inflamación. Simplemente estar sentado mucho tiempo o llevar un estilo de vida sedentario podría tener el mismo efecto. La presentación de Friedenreich también describe hallazgos de un estudio que apareció por primera vez en 2009 en la revistaBritish Journal of Sports Medicine. Éste sugería que simplemente estar sentado viendo tele le quita años a la vida.
Para contrarrestar el riesgo de llevar una vida sedentaria, Friedenreich sugiere el ejercicio regular. Pero también sugiere que descansar de estar sentado, sobre todo en el trabajo, ayuda a reducir la inflamación y también el riesgo de cáncer.
"Un exceso de tiempo sentado y una conducta sedentaria en realidad aumentan el riesgo de cáncer", planteó. "Algunos de los mecanismos parecen ser los mismos que para la falta de actividad física. Si puede dividir el tiempo que pasa sentado, incluso un poco, eso puede ayudar a reducir el riesgo de cáncer", aseguró Friedenreich.
Los expertos calculan que las personas están sentadas 15.5 horas cada día, lo que incluye las comidas, el desplazamiento hasta y desde el trabajo o la escuela, trabajar en la computadora y ver televisión. Los empleados de oficina pasan el 75 por ciento del tiempo sentados.
"Para mí está claro que nunca es demasiado tarde" para comenzar a hacer ejercicio y reducir el riesgo de cáncer, señaló Friedenreich. "Cualquier cosa que se pueda hacer por mantener un peso corporal sano, sobre todo cuando ya no se es joven, reduce el riesgo de cáncer de colon y de mama".
Por supuesto, las personas que llevan vidas sedentarias también están en riesgo de otros hábitos malsanos que pueden llevar a la obesidad, un factor de riesgo conocido de algunos cánceres. Además, las personas sedentarias quizás no coman los alimentos más saludables, lo que también aumenta el riesgo de algunos cánceres, señalan los expertos.
La Dra. Stephanie Bernik, jefa de oncología quirúrgica del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, comentó que "sabemos que el ejercicio es bueno para mantener un peso corporal sano".
Pero no se sabe si reducir los marcadores de inflamación en el organismo realmente reduce el riesgo de cáncer, apuntó.
"Las cosas que son buenas para uno en general parecen ser buenas en términos de la reducción del riesgo de algunos cánceres", dijo Bernik.
Pase menos tiempo sentado, muévase más en el trabajo
La presentación de la AICR incluye consejos para hacerse más activo en el trabajo:
  • Cada hora, camine un poco, aunque sea por el pasillo. Programe un recordatorio con alarma en la computadora.
  • Camine con sus compañeros de trabajo para conversar sobre los temas, no se limite a escribir correos electrónicos.
  • Use pesas ligeras mientras habla por teléfono o lee el correo electrónico.
  • Manténgase de pie mientras habla por teléfono, y ande un poco.
  • Use una pared de la oficina para hacer estiramientos, flexiones verticales o levantamientos de piernas.
  • Ponga un saco de boxeo o una barra para hacer dominadas (chin-up).

Avastin mejora el efecto de la quimioterapia en tumores mamarios


 Los resultados de un ensayo randomizado revelan que en las mujeres con cáncer mamario refractario HER2 negativo, el agregado de bevacizumab (Avastin) a las quimioterapias convencionales aumenta la supervivencia sin avance de la enfermedad.
Así surge del estudio RIBBON-2 sobre mujeres con metástasis de cáncer mamario que necesitaban quimioterapia de segunda línea.
En ellas, sumar bevacizumab a la quimioterapia no mejoró la supervivencia general, como se había publicado años atrás.
Pero en las mujeres con metástasis tumoral y receptor del factor de crecimiento epidérmico (HER) 2 negativo, el fármaco retrasó el avance de la enfermedad, por lo que podría "ampliar la lista de opciones terapéuticas", explicó el autor principal, doctor Adam M. Brufsky, de la University of Pittsburgh.
En Journal of Clinical Oncology, el equipo de Brufsky describe los resultados obtenidos en 684 mujeres que habían recibido por lo menos un tratamiento citotóxico previo para controlar la diseminación local o distante de tumores HER2 negativo.
En el estudio RIBBON-2, cada participante había recibido quimioterapia con capecitabina, taxanos, gemcitabina o vinorelbina. Además, los investigadores les administraron al azar, en una relación 2 a 1, bevacizumab o un placebo.
La supervivencia promedio sin avance de la enfermedad fue de 7,2 meses en el grupo tratado con bevacizumab y de 5,1 meses en el grupo tratado con placebo, lo que representa una diferencia estadísticamente significativa.
La tasa de respuesta objetiva también fue superior con bevacizumab, aunque sin relevancia estadística (un 39,5 frente a un 29,6 por ciento).
La tasa de supervivencia al año fue similar en ambos grupos: un 69,5 versus un 66,2 por ciento.
La cantidad de mujeres que abandonó el estudio por los efectos adversos fue dos veces más alta en el grupo tratado con el fármaco (el 13,3 comparado con el 7,2 por ciento en el grupo de control) y los efectos secundarios graves también fueron más comunes con bevacizumab (un 24,5 frente a un 7,6 por ciento).
Pero no hubo diferencia en cuanto a la mortalidad por los efectos adversos del tratamiento; la principal causa de muerte fue el avance de la enfermedad.
"Juntos, estos datos aportan información racional como para sumar bevacizumab a la terapia citotóxica de segunda línea en pacientes con metástasis de cáncer mamario HER2 negativo", concluye el equipo.
Hasta el momento, bevacizumab ha tenido problemas con la aprobación para tratar la metástasis del cáncer de pecho. En el 2008, el fármaco había recibido una aprobación acelerada, pero se cuestionó su efectividad y los estudios de seguimiento no pudieron demostrar una mejoría de la supervivencia en las pacientes.
En junio último, un panel asesor de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos se opuso al uso del fármaco, cuyo costo anual asciende a 88.000 dólares por paciente.

Más pruebas vinculan la obesidad con el cáncer de colon

 Los adultos con sobrepeso, sobre todo los de mediana edad, correrían más riesgo de desarrollar cáncer de colon que sus pares más delgados y el ejercicio puede reducir la incidencia de la enfermedad, especialmente entre las mujeres, indicó un estudio europeo.
Más de 120.000 adultos en Holanda de entre 55 y 69 años se sometieron a un seguimiento durante 16 años para el estudio, publicado en la American Journal of Epidemiology.
Durante ese tiempo, alrededor del 2 por ciento desarrolló cáncer colorrectal, tumores en el colon y/o en el recto, aunque la mayoría fueron diagnosticados con cáncer de colon.
El riesgo era un 25 por ciento mayor para los hombres que tenían un significativo sobrepeso u obesidad al principio, frente a los varones con un peso normal.
"El estudio ofrece más evidencias de que el exceso de grasa en el cuerpo contribuye a un mayor riesgo de cáncer de colon", dijo la principal investigadora Laura Hughes, de la Universidad de Maastricht en Holanda.
Para los hombres, el tamaño de la cintura parecía más importante. Los varones con grandes vientres tenían un 63 por ciento más posibilidades de contraer cáncer colorrectal que los más delgados.
Entre las mujeres, sin embargo, una cintura de mayor tamaño solo estaba vinculada a un mayor riesgo de cáncer en las que también hacían poco ejercicio físico, definido como menos de 30 minutos de actividad al día.
Las mujeres con una talla "44" de pantalones -alrededor de una 16 en Estados Unidos- que hacían poco ejercicio tenían un 83 por ciento más de riesgo de cáncer de colon que las que tenían una cintura menor y que hacían más de 90 minutos de ejercicio por día.
Varios estudios han relacionado la obesidad abdominal con otras dolencias, como la diabetes y enfermedades del corazón, y la grasa en el vientre parece estar particularmente relacionada con una inflamación crónica de bajo nivel del cuerpo, añadió Hughes.
"Una de nuestras observaciones más interesantes es que la grasa abdominal se asociaba con el cáncer colorrectal en las mujeres sólo cuando se combinaba con bajos niveles de ejercicio", dijo.
No está claro por qué puede ser, o qué patrones afectan sólo a las mujeres, añadió Hughes. El equilibrio calórico, es decir la proporción entre cuánta comida se ingiere y cuánto se quema con el ejercicio, puede ser importante.
"Las mujeres deberían centrarse en mantener un saludable estilo de vida más que prestar solo atención a lo que diga la balanza", añadió Hughes.
Los factores de riesgo para la enfermedad colorrectal incluyen la edad, los antecedentes de enfermedad ulcerosa o enfermedad de Crohn, un historial familiar de cáncer, y el tabaco.
Algunos estudios también han relacionado las dietas ricas en grasa animal y bajas en frutas, verduras y fibra como un factor de riesgo.

Uso prequirúrgico de aspirina reduce riesgos de cirugía cardíaca

El uso de aspirina durante los cinco días previos a una cirugía cardíaca redujo significativamente en un estudio observacional el riesgo de que los participantes tuvieran complicaciones posquirúrgicas o murieran prematuramente.
El estudio "demostró claramente que el uso prequirúrgico de aspirina disminuyó las complicaciones cardiocerebrales y renales graves, además de la mortalidad, en pacientes operados del corazón", resumió Jianzhong Sun, de la Escuela de Medicina Jefferson de la Thomas Jefferson University, en Pensilvania.
El experto está convencido de la utilidad prequirúrgica de la aspirina, pero aseguró que se necesitan más estudios para realizar una recomendación.
El equipo de Sun evaluó a 2.868 pacientes de su institución y del Centro Médico Davis de la University of California, en Sacramento, entre el 2001 y el 2009. A la mayoría se le realizó un bypass coronario o una cirugía valvular. Sólo 1.923 habían tomado aspirina los cinco días previos a la operación.
Sun indicó que la dosis diaria promedio había sido de entre 81 y 325 miligramos.
En un análisis de regresión logística múltiple, la terapia prequirúrgica con aspirina (versus sin aspirina) redujo significativamente el riesgo de morir a los 30 días (un 3,5 frente a un 6,5 por ciento) y de sufrir complicaciones cardiovasculares graves combinadas (un 8,7 versus un 10,8 por ciento).
La terapia prequirúrgica con aspirina también disminuyó significativamente el riesgo de sufrir de insuficiencia renal posquirúrgica (un 3,7 versus un 7,1 por ciento) y la necesidad de diálisis (un 1,9 versus un 3,6 por ciento), además de reducir el tiempo promedio en la unidad de terapia intensiva (107 frente a 136 horas).
El grupo tratado con aspirina tenía muchas más comorbilidades que el grupo de control, como hipertensión, diabetes, enfermedad arterial periférica, infartos cardíacos previos, angina de pecho y enfermedad cerebrovascular.
Los pacientes que habían tomado aspirina antes de la operación eran mayores y tendían a ser hombres.
La terapia con aspirina no elevó el riesgo de reinternación después de la cirugía cardíaca (un 14,5 por ciento con aspirina versus un 12,8 por ciento sin aspirina).
A pesar del "enorme avance" en la cirugía cardíaca en estos 40 años, Sun comentó que la incidencia de complicaciones graves asociadas con las cirugías del corazón "sigue siendo alta".
Estos resultados sobre los beneficios prequirúrgicos del uso de la aspirina en pacientes cardíacos "del mundo real" coinciden "con nuestros hallazgos previos", escribe el equipo en Annals of Surgery.
Los autores admiten que el sangrado sigue siendo una preocupación con este uso de la aspirina. De todos modos, en esta era de la cirugía cardiovascular, ese riesgo potencial podría evitarse con el uso de una baja dosis de aspirina y/o de una terapia antifibrinolítica periquirúrgicamente.
Sun destacó también que "en la medicina periquirúgica actual, se ha avanzado en favor de prolongar en el quirófano la terapia prequirúrgica necesaria para la vida cotidiana de los pacientes que incluye aspirina y/o inhibidores de la ECA, aunque con un ajuste cuidadoso de la dosis".

La depresión está asociada con un aumento del riesgo de ACV

Tras combinar los resultados de 17 estudios sobre depresión y accidente cerebrovascular (ACV), un equipo halló que las personas con depresión en algún momento de la vida eran un tercio más propensas que el resto a sufrir un ACV.
El análisis "parece muy convincente", dijo Maria Glymour, profesora de la Escuela de Salud Pública de Harvard que no participó del estudio. Lo que no se sabe, según indicó, es si la depresión causa el aumento del riesgo o si ambas enfermedades comparten las causas.
Uno de sus estudios formó parte de la nueva investigación del equipo de Li-Qiang Qin, de la Universidad de Soochow, en China. El equipo reunió datos de 17 estudios sobre un total de más de 200.000 participantes sin un ACV al inicio de las investigaciones, que duraron entre tres y 29 años.
Dos estudios habían hallado una relación entre la depresión y una disminución del riesgo de tener un ACV, mientras que otros dos estudios casi no habían hallado diferencias entre los participantes con y sin la alteración del estado anímico.
Los 13 estudios restantes habían demostrado un aumento del riesgo de tener un ACV en las personas con depresión y cuando el equipo combinó los 17 estudios halló que el riesgo de tener un infarto cerebral era un 34 por ciento más alto en el grupo con depresión.
El ACV es la tercera causa de muerte en Estados Unidos. Cada año, unos 800.000 estadounidenses (o 26 de cada 10.000) sufren un ACV, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés). Un 34 por ciento de aumento de la cantidad de infartos cerebrales elevaría esa cifra a 35 de cada 10.000.
Un estudio publicado este año, en el que se revisaron 28 proyectos de investigación sobre el ACV y la depresión, también identificó ese aumento del riesgo de tener el infarto en las personas deprimidas.
Ningún estudio determinó una relación causa-efecto entre ambas enfermedades y Glymour opina que la asociación observada podría explicarse mediante las conductas no saludables.
"Por ejemplo, sabemos que la depresión altera las conductas que favorecen el aumento del riesgo de tener un ACV, como la alimentación, la actividad física y el cumplimiento del consejo médico", dijo Glymour.
"Esas conductas demandan cierta cantidad de energía y estar deprimido alteraría la capacidad de ejecutarlas", añadió.
Los autores señalan también que la depresión está asociada con la aparición de diabetes e hipertensión, que son dos factores de riesgo del ACV. Glymour consideró importante determinar si el tratamiento de los síntomas de la depresión reduciría el riesgo de tener un ACV.

Tomar alcohol moderadamente protege al corazón

El alcohol, siempre en cantidades moderadas, es bueno para la salud ya que las mujeres que beben un vaso y los hombres que toman hasta dos vasos por día tienen un riesgo menor de desarrollar patologías cardíacas.

El alcohol en cantidades moderadas parece ser bueno para la salud ya que las mujeres que beben un vaso y los hombres que toman hasta dos vasos por día tienen un riesgo menor de desarrollar patologías cardíacas.
A dichas conclusiones llegaron dos investigaciones realizadas por la Universidad de Calgary (Canadá).
UN ASESINO NÚMERO UNO
Las enfermedades del corazón constituyen una de las principales causas de muerte. Existen distintos tipos pero la más frecuente se presenta cuando se estrechan las arterias coronarias, que distribuyen la sangre en el corazón. En los casos más graves estos vasos se ocluyen totalmente generando un infarto.
Para disminuir el riesgo de padecer estas patologías, los especialistas recomiendan controlar la presión arterial, hacer actividad física, no fumar y mantener buenos niveles de colesterol en sangre.
ALCOHOL Y SALUD
Una de las investigaciones, realizada por Susan Brien, analizó 63 estudios que relacionaban el consumo de alcohol con diversos índices de salud cardíaca, como el colesterol, las células grasas y el estado de los vasos sanguíneos. La especialista encontró que las personas que toman estas bebidas de forma moderada aumentan la cantidad de colesterol "bueno" (HDL o lipoproteína de alta densidad), una situación que protege al corazón.
A su vez, su estudio analizó el efecto de distintos tipos de bebidas alcohólicas; como las bebidas blancas, el vino y la cerveza; pero halló que el efecto protector viene del contenido alcohólico y no del tipo de producto.
Brien concluyó que su investigación refuerza la hipótesis de que hay una asociación directa entre el consumo de alcohol y un menor riesgo de desarrollar una patología cardíaca.
En la otra investigación, William Ghali revisó 84 estudios que comparaban la incidencia de problemas cardíacos y la muerte por enfermedades cardíacas o accidentes cardiovasculares en individuos que bebían o que evitaban el alcohol. El autor encontró que las personas que toman alcohol moderadamente tienen un riesgo entre el 14% y 25% menor de desarrollar una patología del corazón.
Ghali concluyó que hay que enviar mensajes de salud pública que aclaren que tomar mucho alcohol es malo para la salud pero que cantidades moderadas de estas bebidas traen beneficios.
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