El estrés en los hombres, ¿cómo se comporta?


El estrés ataca a hombres y mujeres por igual pero desde el punto de vista que son diferentes las necesidades psicológicas afecta de distinta manera a los hombres. Buscan “resucitadores” o “muletillas”. Lo más delicado es que puede presentar síntomas que van de la A a la Z.

En la mayoría de ocasiones es a las mujeres que se les escucha quejarse de lo muy estresadas que se sienten constantemente, enlistan una serie de motivos que frenan su armonía.
Como explica el doctor Rafael Martínez, neurocirujano de Stress Center, el estrés es un estado emocional que tiene el poder de “causar destrucción física, psicológica y emocional”, es decir, enferma e incluso puede causar la muerte, ya que se puede desencadenar una serie de síntomas que van de la A hasta la Z. Ansiedad, bruxismo (apretar la mandíbula), colitis, cólera, dolor, espasmo, fatiga, gastritis, hipertensión, jaqueca...
En términos generales el doctor Martínez, quien es especialista en el área de neuro-rehabilitación y estrés, afirma que este estado emocional afecta a tres mujeres por un hombre. Solo en las mujeres capitalinas, afecta a un 74%.
Con esos datos, pareciera que ellas son las más afectadas pero aunque no lo parezca los hombres también lo son. Lo que sucede es que los hombres no suelen revelarlo ni consultarlo con un médico. De hecho, estudios internacionales han demostrado que “a los hombres les afectan más los sucesos de la vida que a las mujeres”. Lo que sucede es que lo manifiestan de diferente manera.
De hecho, según afirma el doctor Martínez, el hombre también se enfrenta a las mismas dificultades y necesidades que las de una mujer. “Así como una mujer busca protección, seguridad en un hombre cuando se casa, el hombre también necesita admiración de parte de ella”, ejemplificó.
Los patrones culturales influyen. “El hombre no busca ayuda. Se enconcha, mientras que la mujer se expresa”, explica Martínez.
“Si bien es cierto que afecta mucho más a la mujer que al hombre, pero ante ese enconchamiento cuando al hombre se le presentan los síntomas cae encima del ordenador”, explica el especialista.
El hombre, en lugar de expresarse, como lo hace la mujer, busca salida al problema en lo que menos debería hacer. Martínez le llama “resucitadores” o “muletillas”. Ejemplo de ellas es desde la más simple como depender de una taza de café para ponerle energía al día, o en la noche, al salir del trabajo “a echarse la cervecita”. “De repente van dependiendo de ellos hasta que llegan a una adicción”, explica.
Ellos buscan se ponen una “coraza” o buscan un refugio a su estrés. Prefieren ponerse sobrecarga laboral antes de llegar a la casa y enfrentar esos problemas.
Estos síntomas modifican las conductas del hombre y por eso se vuelven coléricos, irritables, intolerantes y lo peor del caso, Martínez aclara por qué a veces se desquitan con quien no deben: en casa, con sus hijos o con su esposa. Un claro ejemplo de estrés dañino, que contagia a los demás. De ahí que el estrés “es más contagiante que un catarro”, según Martínez.
Lo primero que tiene que hacer un hombre, para salir de este problema, es como lo hace cualquier adicto, “aceptar que tiene un problema de estrés”, dice Martínez. Cambiar actitudes para cambiar su vida.
Y en el hogar, cuando se le pida cambiar algunas actitudes, que no se use la “confrontación”. Por ejemplo, no decirle “es que sos muy enojón”, eso es echarle un fósforo a la gasolina, dice el doctor Martínez; a cambio sugiere “usar la gratitud”.
Si es una persona demasiado irritable, no logra controlar sus emociones, Martínez aconseja buscar un especialista del estrés ya que existen tratamientos (terapia y medicamentos como antifatigantes, ansiolíticos y antidepresivos) que ayudarán a tener un mejor bienestar y controlar que esas hormonas estén disparadas.
Aconseja poner en práctica la técnica 90-10, es decir, eso que le causó molestia durante el día, usted no lo puede controlar, pero el 90% que viene sí, es decir, cómo reaccionar, ¿enojado o indiferente? Prácticamente se trata de controlar las emociones, es como decir de qué color quiere ver su día.