En España 70% de los cánceres de ovario se hace resistente a carboplatino.


Más del 70% de las mujeres que tienen un cáncer de ovario se vuelve resistente a la quimioterapia con carboplatino.
 Esto es un gran problema, porque si hay una recaída –algo muy frecuente que en un par de año ocurre al 80% de las afectadas-, tienen pocas opciones, indica Andrés Poveda, jefe del Grupo español de Investigación en Cáncer de Ovario (Geico) durante una entrevista en Chicago, donde se celebra el congreso de la Asociación Americana de Oncología Médica, el mayor encuentro mundial de esta especialidad. “De hecho los tratamientos actuales son tan poco activos que incluso se plantea no darlos si la mujer tiene otros problemas”, añade Poveda.
Afortunadamente, se trata de un cáncer poco frecuente: unos 3.000 o 3.500 diagnósticos en España al año. Lo malo es que como no hay indicadores previos, suelen ser tardíos, lo que agrava la situación.
La novedad presentada en el congreso es una terapia combinada que por primera vez, “duplica el tiempo de progresión y reduce las recaídas un 50%, explica el médico. En ella participa un viejo conocido: El Avastín. Y es que esta ya antigua molécula, con más de 10 años en el mercado, es una de las componentes de la solución. 
Este medicamento tiene una actividad peculiar: no ataca los tumores, sino que impide que se formen los capilares sanguíneos que los alimentan. Por eso empezó usándose para cáncer de colon, pero ahora se ensaya en otros tumores. Además, los buenos resultados del trabajo, denominado Aurelia (Roche usa nombres de mujeres para sus proyectos) les permiten superar el mal sabor de boca de que la agencia del medicamento estadounidense les revocara la indicación de que se usara para el cáncer de mama.
En concreto, los datos que se han presentado, y que han merecido ocupar la sesión principal del sábado en el congreso, muestran que la supervivencia media ha pasado en estos casos de 3,4 meses a 6,7 meses, como dijo Felix Hilpert, de la Universidad de Kiel (Alemania). Además, sin aumentar los efectos adversos.
Esto último es siempre importante, pero más en este caso. Al tratarse de una enfermedad con muy mal pronóstico, más que la supervivencia (cuyos datos no se han cerrado), se consideran indicadores de eficacia la calidad de vida de las pacientes y el tiempo que tarda en progresar la enfermedad, explica Poveda. Este experto está convencido de que la aprobación de la agencia estadounidense está al caer.