Se ha debatido la utilidad de la prueba preventiva más usada, la medición de una proteína, la PSA, en sangre, y la conclusión es que, salvo casos de riesgo, no se aconseja.
Los ensayos presentados por Barnett Kramer, del Instituto Nacional del Cáncer de EE UU, Gerlad Andriole, de la Universidad de Washington y Timothy Wilt, del Departamento de Veteranos de EE UU, demuestran que hacerse la prueba no reduce la mortalidad, pero, a cambio, aumenta efectos adversos, desde los meramente psicológicos por saber que se tiene un cáncer hasta otros como someterse a tratamientos que pueden producir un 20% de casos de incontinencia o un 30% de impotencia sin que eso suponga aumentar la esperanza de vida.
Los ensayos presentados por Barnett Kramer, del Instituto Nacional del Cáncer de EE UU, Gerlad Andriole, de la Universidad de Washington y Timothy Wilt, del Departamento de Veteranos de EE UU, demuestran que hacerse la prueba no reduce la mortalidad, pero, a cambio, aumenta efectos adversos, desde los meramente psicológicos por saber que se tiene un cáncer hasta otros como someterse a tratamientos que pueden producir un 20% de casos de incontinencia o un 30% de impotencia sin que eso suponga aumentar la esperanza de vida.
Se trata de un tumor que va a tener la mayoría de los hombres. El riesgo es “el equivalente a poner un % a la edad”, dijo Kramer (el 60% a los 60 años, el 80% a los 80), pero la gente “muere con cáncer de próstata, no de cáncer de próstata” la mayoría de las veces.
En otro ensayo, además, presentado por Hussain M., de la Universidad de Michigan, se vio que usar los tratamientos contra el cáncer de próstata de forma intermitente disminuía la supervivencia. Precisamente por los graves efectos adversos de esta medicación se buscaba la alternativa de suspenderla de vez en cuando, pero, de momento, eso no va a ser posible.
