Es la conclusión a la que
ha llegado Wendy Barclay, una investigadora del Imperial College de Londres,
después de realizar varios experimentos con hurones, ya que estos sufren la
gripe de una manera muy semejante a la de los humanos.
Se trata de un
descubrimiento que, como señala la científica, puede tener grandes
consecuencias en la manera de tratar las pandemias. Como señalaba ayer a The
Daily Mail, “esto significa que la difusión de la gripe es muy difícil de
controlar, incluso con otras herramientas como la autodiagnosis”.
“Esto también significa
que los médicos y las enfermeras que no hayan sido vacunados de la gripe están
poniendo en riesgo la salud de sus pacientes, ya que pueden estar transmitiendo
la enfermedad sin saber que han sido contagiados”, prosigue Barclay, cuya
investigación será publicada próximamente en la revista PLos ONE.
Las etapas de la
enfermedad
El estudio mostró cómo al
juntar a un grupo de hurones infectados con el virus de la gripe con otros
sanos, estos últimos contrajeron la enfermedad antes de que los primeros
comenzasen a mostrar síntomas. El tiempo que tardaron en ser contagiados por el
virus fue de apenas veinticuatro horas. Fue 45 horas después de haber contraído
el virus cuando los primeros síntomas comenzaron a mostrarse, por lo que,
durante 21 horas, los animales estaban ya infectados sin que su situación se mostrase
mediante señales externas.
Además, el grupo de
científicos ha señalado que pasados los primeros días de la enfermedad,
alrededor de la primera semana, la inclinación del virus a extenderse comienza
a declinar. Esto lleva a los investigadores a mantener que cuando los síntomas
comienzan a desaparecer ya es seguro volver a salir a la calle, acudir a la
escuela o retornar al trabajo, puesto que la posibilidad de contagio es mucho
menor que en el momento en que no se han mostrado los síntomas.
Sin embargo, un compañero
de Barclay en la investigación, el doctor Kim Roberts, aclara que aunque los
hurones son el mejor modelo para investigar la gripe, “aún debemos ser cautos”
respecto a la posibilidad de aplicar este descubrimiento al ser humano, y que
aún hay que probar con cepas diferentes (la utilizada fue la misma que acabó
con 300.000 personas durante 2009) para poder confirmar estas conclusiones.