Una niña que es asmática pero nunca había tenido crisis tan serias como las ocurridas tras
vacunarse con la vacuna del Virus del Papiloma Humano (VPH).
Seis días después de recibir la
primera dosis, presentó unos síntomas similares a los que habían padecido otras jóvenes al ser vacunadas: dolores de cabeza intensos e
incapacitantes, molestias gástricas, incapacidad para ponerse en pie, etc.
Todo
ello, acompañado de una crisis aguda de asma, por lo que tuvo que acudir
al servicio de urgencias de Gijón donde lograron estabilizarla. Los
padres de la joven comunicaron en el hospital que le habían puesto la vacuna
del papiloma hacía unos días.
A pesar de todo
ello,recibió la segunda dosis por la mañana y esa misma
tarde presentó los mismos síntomas que tras la primera dosis aunque
en esta ocasión con un agravamiento de la dificultad respiratoria. Ante
esta situación, los padres solicitaron ayuda médica urgente. A pesar de su
insistencia, la ambulancia nunca llegó, tan sólo un coche de policía que
trasladó a la joven al hospital.
Cuando Andrea
ingresó estaba en parada cardio-respiratoria y aunque lograron
reanimarla no lo lograron por lo que le indujeron un coma. Después al quitarle el tubo del respirador, los médicos constataron que la
niña no podía respirar espontáneamente. Ahora sus padres, ante
esta gravísima situación se ven obligados a tener que decidir entre
mantener a su hija conectada a una máquina o dejar que la naturaleza siga su
curso.
Desgraciadamente,
el caso de Andrea no es único en el mundo. Los informes del Vaccine Adverse Event Reporting
System (VAERS),
la autoridad pública en farmacovigilancia de vacunas de Estados
Unidos ya tienen notificadas 119 muertes y 26.564 casos
de reacciones adversas de personas que recibieron la vacuna del
papiloma.
Desde la Asociación
de Afectadas por la Vacuna del Papiloma (AAVP) se preguntan“cuántas víctimas
son necesarias para que las instituciones sanitarias reconsideren el
balance riesgo/beneficio de la vacuna, máxime considerando que se
administra a niñas y jóvenes sanas, que la vacuna no es imprescindible porque
se dispone de otrasmedidas preventivas que no pueden abandonarse en la
población vacunada y que la verdadera eficacia ni seguridad de la
vacuna no ha sido todavía demostrada en poblaciones reales.
Comentar también
que esas autoridades políticas y sanitarias están cometiendo dejadez de
sus funciones que han de encaminarse a velar por la salud
pública y más pronto que tarde deberán asumir sus responsabilidades.
Por Miguel Jara