Una
enfermedad se convierte en tema de “salud pública” cuando el número de personas
que la padece y los gastos que ésta genera son elevados. Lamentablemente, esto
es lo que sucede con la osteoporosis (patología que debilita los huesos hasta
el punto que los hace propensos a fracturas).
La Organización Mundial de la
Salud estima que a nivel global existen unos 7,8 millones de pacientes con
osteoporosis y que para el año 2040 el problema se habrá triplicado. Además,
considera que el riesgo de por vida de sufrir una fractura a partir de los 50
años es de 40% para las mujeres y de 13% para los hombres, debido a la
osteoporosis.
El doctor
Rafael Martínez, anestesiólogo y director médico, considera uno de
los problemas más importantes es no tratarla adecuadamente:
“Desafortunadamente, enfermedades crónicas como la osteoporosis, diabetes o
hipertensión, tienen un registro muy alto de abandono de los tratamientos y
esto hace muy difícil su control. En momentos de apremio financiero, por
incomodidad o simplemente cansado de consumir fármacos, el paciente deja de
tomar un medicamento del cual siente que no percibe ningún beneficio, por
tratarse de enfermedades llamadas “silentes”.
El Dr.
Martínez explica que “el paciente que interrumpe o abandona un tratamiento
pierde los efectos logrados con anterioridad. Es decir, si el paciente estaba
tomando un medicamento para la osteoporosis y suspende una o dos dosis, el
beneficio que le habían dado las seis o siete dosis anteriores, comienza a
mermar pues pierde la protección que ya habían recibido sus huesos”.
La
comunicación
Para el Dr.
Martínez es sumamente importante que el médico y el paciente mantengan una
estrecha comunicación a fin de promover la adherencia a los tratamientos: “Hay
que fortalecer la relación médico-paciente y no dar nada por sentado. Los
profesionales de la salud deben dedicarle más tiempo al enfermo para explicarle
todo lo necesario, para despejar interrogantes en cuanto a su situación, el
tratamiento que seguirán, sus ventajas y las posibles consecuencias si lo
abandonan”, apunta.
Por su
parte, el paciente debe evitar irse a su casa con dudas. “Deben dejar la pena o
el miedo a un lado y preguntar todo lo relacionado con el tratamiento asignado
y su enfermedad. Además, tienen el derecho a buscar segundas opiniones y
conocer las alternativas terapéuticas que pudiesen recibir. Existen encuestas
que revelan que la mayoría de los pacientes no conocían los beneficios de un fármaco
y lo consumían solo porque el médico se lo estaba indicando. Esto debe
terminar. El paciente debe saber por qué, para qué y por cuánto tiempo debe
recibir un tratamiento”, reitera el Dr. Rafael Martínez.
Precisamente
una vez diagnosticada la osteoporosis, son los bifosfonatos fármacos de primera
línea en el tratamiento. Según el doctor Martínez estos medicamentos “son
altamente utilizados, poseen un adecuado perfil de seguridad y, en el caso del
ibandronato, tiene la posibilidad de administrarse en forma mensual y no
semanal como otros, lo que hace que el paciente mantenga la adherencia al
tratamiento pues lo tiene que tomar con menos frecuencia y el impacto económico
se ve disminuido al comprar el medicamento una vez cada mes”.
Agrega el
especialista que “los bifosfonatos son eficientes, han demostrado ser eficaces
en la prevención de fracturas vertebrales y mayor efectividad anti fractura en
el tiempo”. Finalmente asegura que tan importante como la terapia farmacológica
es la no farmacológica: “Debemos modificar nuestros hábitos alimenticios para
consumir más calcio y vitamina D, dejar de fumar, abandonar el sedentarismo e
iniciar una rutina de ejercicio en forma paulatina hasta alcanzar 20 cuadras
diarias, exponerse al sol durante 15 ó 20 minutos -2 ó 3 veces a la semana- y
evitar el alcohol. Podemos tomarnos un vaso de vino o cerveza diarios. Ese es
el límite; no más de siete bebidas a la semana y no vale acumularlas todas para
el mismo día”.
Fuente:NP