Primera vacuna antimalaria eficaz

Investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud norteamericanos (NIH) han creado la vacuna contra la malaria más eficaz hasta el momento. En un ensayo clínico de fase 1 —que en principio solo pretende evaluar la seguridad del tratamiento—, ninguno de los seis voluntarios que recibieron cinco dosis ha contraído la malaria al cabo de un año; en comparación, de los seis voluntarios que recibieron placebo, cinco contrajeron la enfermedad, y los que recibieron menos dosis mostraron una protección intermedia. 
Son números pequeños pero significativos y esperanzadores. 
La vacuna dista mucho de ser perfecta, ya que requiere al menos cinco inyecciones intravenosas, pero los principales especialistas la consideran un avance muy importante.
La malaria mata a cerca de 2.000 personas al día, según los últimos cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con datos de 2010. Las vacunas actuales tienen una eficacia muy limitada, y la búsqueda de un fármaco que ofrezca una buena protección contra el contagio ha sido una pesadilla para los investigadores durante casi medio siglo.

 Las analíticas de la sangre de los pacientes son también esperanzadoras, porque revelan una clara correlación entre el número de dosis de la vacuna y la respuesta inmunológica: tanto en los anticuerpos contra el plasmodio como en el otro tipo de reacción defensiva del cuerpo, que no se basa en anticuerpos sueltos por la sangre sino en células (células T) dedicadas a encontrar al parásito y, literalmente, tragárselo y triturarlo sin reparos.
En cualquier caso, los científicos admiten que falta mucho trabajo por hacer para precisar, más allá de un año, cuánto dura el efecto protector: si hubiera que inyectar cinco veces al año a toda la población durante el resto de su vida, los obstáculos técnicos y económicos serían formidables. Incluso si bastara con las inyecciones del primer año, el hecho de que sean intravenosas —en lugar de las habituales intramusculares, intradérmicas o nasales— constituiría un reto para los sistemas sanitarios de los países pobres afectados.
Fuente:elpais.es