El medicamento es un bien social, se dice por
ahí. Es decir, algo que debería estar disponible para quien lo
necesite en el momento adecuado. Pero he aquí que estamos en una sociedad
capitalista y al tratarse de una mercancía, solo está a disposición de quien
pueda adquirirla en el mercado.
Aquí es donde vemos una de las facetas más bárbaras
del capitalismo: millones mueren en el tercer mundo todos los años por no
disponer de fármacos, la mayor parte de las veces de bajo costo.
Para colmo de males, la producción de estas mercancias
está en pocas manos: los grandes monopolios farmacéuticos, que encabezan una de
las más rentables industrias de nuestro injusto y desigual sistema social.
Utilidades astronómicas
Esta gran concentración del capital se traduce en
precios abusivos, con una tasa de ganancia brutal. El estado no regula nada en
la materia. Estado bobo para el pueblo pero nada inocente para asegurar
tremendos beneficios a los pulpos del sector. Veamos algunos ejemplos.
En el piroxicam, la amlodipina, el
enalapril o la amlodipina el precio final de la droga supera entre
un 4 mil y un 12 mil por ciento el costo de las mismas en Argentina por ejemplo como en otros paises de Latinoamerica
En el caso del diazepan, conocido ansiolítico, Roche
consigue una utilidad del 20 141 por ciento respecto al costo a través de su
marca Valium. Roemmers, más modestamente (el laboratorio de mayor monto de
venta) obtiene una renta del 15905 por ciento respecto a su costo y en la misma
droga a través de la marca Plidan.
El ibuprofeno, popular antitérmico y analgésico, a
través de la marca Febratic, le da a Roemmers una rentabilidad del 1557 %
mientras que Bayer se asegura un nada módico 1210 % a través de la marca
Actron.
Los precios que se cobran en el país suelen ser
superiores a los que los mismos laboratorios cobran en el exterior. Por ejemplo
el laboratorio Roche imputa en Argentina un precio que supera entre un 60 % y
90 % el precio que sobre el mismo medicamento vende en España.
por Colectivo Avanzar